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“LIVE
EARTH”
UN CONCIERTO PARA UN CLIMA EN CRISIS
LA CIUDADANÍA ANTE EL CAMBIO CLIMÁTICO
Tal y como anunció un satisfecho Al Gore, el próximo 7 de
Julio se celebrará una serie de 7 conciertos, a su vez en 7
ciudades, para llamar la atención de la opinión pública
mundial ante el fenómeno del calentamiento global y sus
terribles consecuencias. El lema no puede ser más rotundo ni
más cierto: “Un concierto para un clima en crisis”.
La idea es reflejo de la respuesta global necesaria ante esta
crisis: el primer concierto tendrá lugar en Sydney (Australia)
y se irá encadenando con otros en Tokio (Japón), Shangai
(China), Johannesburgo (Sudáfrica), Londres (Reino Unido),
Hamburgo (Alemania), Nueva Jersey (EEUU) y Río de Janeiro
(Brasil). Tendrá una duración de 24 horas y se prevén
audiencias de hasta 2000 millones de telespectadores, todo un
récord.
Desde el Centro Europeo Juvenil apoyamos sin reservas esta
iniciativa, ante la imperiosa necesidad de actuar de una vez
por todas frente al cambio climático. El tiempo del análisis
ha pasado. El tiempo de los golpes en el pecho ha pasado. Es
hora de la acción, y la acción comienza en la concienciación
masiva y personalísima de la ciudadanía. Masiva, en cuanto
debe llegar a todos; personalísima, en cuanto debemos ser
capaces de convencer, de persuadir, de motivar a personas
desinformadas o intencionadamente mal informadas de la
problemática, por diversos motivos.
LA RESPUESTA AL PROBLEMA. EL PAPEL DE LA CIUDADANÍA.
El aplaudido documental del ex – vicepresidente americano “Una
verdad incómoda”, de necesaria y casi obligada visualización,
habla por sí mismo, estableciendo varias hipótesis que,
ciertamente, no son agradables. El cambio climático es un
hecho. Es un hecho el deshielo. Es un hecho la amenaza real de
una eventual subida del nivel del mar hasta 6 metros en los
próximos 50 años, con la consecuente desaparición de ciudades
enteras y la producción de enormes daños a millones de
desplazados. La desaparición de especies, será un hecho
también. El aumento generalizado de las temperaturas y el
avance de la desertización (por cierto, España será una de las
naciones más afectadas en este punto). Es un hecho la
insostenibilidad de nuestro autoproclamado “desarrollo
sostenible”. Al igual que la fortuna que nos costará afrontar
todas estas incómodas consecuencias de este incómodo problema.
Hechos, hechos indiscutibles, pruebas, avisos. Algo no
funciona.
Pero también es un hecho que tenemos las herramientas
necesarias para combatir esta amenaza con éxito. Disponemos de
la tecnología. Disponemos incluso de propuestas concretas que
reducirían nuestras emisiones de CO2 de forma radical en un
corto plazo, como nos muestra claramente Al Gore en su
excelente documental. Pero no disponemos de una auténtica
voluntad política. Este es el quid de la cuestión y no otro.
Es más necesaria que nunca una legislación arriesgada, una
dura normativa ambiental, una férrea voluntad política. En
este contexto se enmarca la iniciativa de “Live Earth”. El
momento es además extraordinariamente oportuno, porque cada
día crece la concienciación ante el problema. Aunque no es
suficiente.
Pero tiene desde mi punto de vista un atractivo añadido, del
que podemos extraer algunas conclusiones. Y no es otro que su
objetivo confeso de llamar la atención de la sociedad, de la
opinión pública mundial, además de los Gobiernos, por
supuesto.
Este es un punto fundamental: la fortaleza de la opinión
pública y su contribución a decantar la balanza del lado de la
lucha contra el cambio climático. Es una fortaleza difusa, a
veces inexistente, a veces sobrevalorada, pero en todo caso
creciente. Sobre todo cuando está bien dirigida.
Para que exista esa dirección son necesarios, en mi opinión,
varios factores, pero todos están consiguiendo reunirse ante
este tema: concienciación; medios de comunicación
sensibilizados para dar a conocer la cuestión; establecimiento
de miles de foros de debate repartidos por todo el mundo que
abordan la problemática y ofrecen la posibilidad al ciudadano
de participar activamente, de informarse, de reivindicar.
Estamos ante uno de los primeros casos en la historia de lo
que denomino “acción conjunta global de la ciudadanía”. Desde
luego, no es un caso de manual y presenta varias impurezas
frente a lo que debería ser dicha acción, como el número
insuficiente de foros establecidos (aun siendo ciertamente
notable). El hecho de que estos foros no hayan sido dirigidos
formalmente desde alguna instancia centralizada, aunque pueda
restar eficacia a la respuesta, no le resta credibilidad: al
contrario, es ejemplo de la versatilidad y espontaneidad del
movimiento, muchas veces construido por los propios
ciudadanos, no sometidos a autoridades que, como en este caso,
podrían verse tentadas a contaminar el proceso de reflexión de
estos foros, en vista de los enormes intereses económicos que
rodean la cuestión.
Sin entrar más en este punto (que aunque sea interesante no es
el tema central que nos ocupa), continuemos con el análisis.
Se pretende movilizar a la opinión pública con objeto de que
influyan en las directrices de sus Gobiernos, de forma que
cambien su política ambiental por una acorde a los principios
del desarrollo sostenible. La relación aparece clara: la
mayoría de los países más contaminantes son democráticos. Los
países democráticos deben tener en cuenta el estado de opinión
de sus ciudadanos. Una movilización general a favor de una
determinada cuestión puede propiciar (como lo ha hecho varias
veces a lo largo de la historia) un cambio fundamental de
políticas. Esto es lo que se persigue desde mi punto de vista,
y considero que de forma acertada.
Ante ello, y ya en clave europea, la Unión y los distintos
Gobiernos nacionales (de hecho, los Gobiernos y
Administraciones en general) deberían tomar nota. En tesis
similar a la de Philip Pettit (fantástico en su ensayo
Republicanismo), la participación ciudadana se hace esencial
en la construcción y mejora de la democracia. La democracia
sin ciudadanía no es democracia completa. Y la ciudadanía
parece exigir cambios, cambios fundamentales.
Pero es que nuestros dirigentes son ciudadanos, también.
¿Acaso no terminan de enfrentarse a la gravedad del problema?
¿Prefieren obviarla? ¿Hace lo suficiente la Unión Europea en
la lucha contra el cambio climático? Desde luego, la Unión ha
liderado algunas de las mayores iniciativas en este campo (lo
hace en la actualidad), y los países comunitarios son
firmantes de Kioto (lo que no quiere decir que cumplan sus
compromisos, podríamos entrar a analizar diversos casos).
Recordemos que disponemos de la tecnología. Pero recordemos
también que falta la voluntad política de algunos de los
principales contaminantes. Por ello es la hora de la
ciudadanía. De los conciertos, de la presión, de la
movilización.
(A veces los políticos necesitan un empujón en la dirección
adecuada).
Jorge Daniel Mora García
Presidente Centro Europeo Juvenil Relaciones Internacionales
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