|
Implicaciones del cambio
de modelo energético en la Unión Europea
Una
mujer está sola en una habitación sin ventanas. Hay una
fogata, unos cuantos palos de madera y una máquina en la
que puedes comprar más palos. En la máquina puedes elegir
entre varios tipos de palos: palos pequeños que echan poco
humo al arder y son caros, palos grandes que echan mucho
humo y son baratos o puedes comprar una tercera clase que
consiste en un palo que dura mucho más que los anteriores
y casi no echa humo, pero que tarda mucho en salir de la
máquina.
Ante este panorama, nuestro personaje podría
elegir los palos grandes, pero seguramente se ahogaría con
el humo o podría adquirir palos pequeños, pero le saldrían
muy caros y casi no podría comprar. También puede utilizar
la reserva (el montoncito de palos pequeños y grandes),
pero eso no haría nada más que trasladar el problema al
futuro. La otra opción existente es la de apostar por los
palos del tercer tipo y, mientras llegan los resultados,
utilizar su reserva de palos de diversos tipos, comenzando
por los pequeños.
La situación energética de la Unión Europea se
ve reflejada, al menos en sus características más básicas,
en el ejemplo anterior. La apuesta por mantener un modelo
basado en la rentabilidad económica quebró, perdió todo su
sentido ante la inexistencia de posibilidades de futuro
que conllevaba. Tras el paulatino cambio de rumbo de la
Unión Europea en materia energética, producido a finales
del pasado siglo y en los comienzos del actual, el modelo
ha cambiado y se hace necesario equilibrar rentabilidad,
sostenibilidad, inversión en investigación, ruptura de las
barreras de entrada a las nuevas tecnologías,…
Imaginemos que, mientras llegan las nuevas
tecnologías más económicas y menos contaminantes
(representadas por los palos de madera del tercer tipo),
nuestro personaje decide tener menos luz, pasar más frío.
Esto implicaría un menor consumo, un menor gasto en
combustible y una menor contaminación. El paralelismo con
la realidad es inmediato, disminuir el consumo nos permite
destinar más dinero a otros bienes y servicios, así como
un menor nivel de contaminación, esto es, mayor calidad de
vida.
Aunque no lo parezca, las implicaciones que el
cambio energético puede tener sobre la sociedad europea
son tremendas, más allá del mero ahorro. Para nuestro
personaje, la máquina que le suministra palos es un ente
ajeno a su control que sólo responde ante la introducción
de dinero, pero ¿Qué pasaría si la máquina deja de
suministrar los valiosos palitos? ¿Y si el precio cambia?
¿Y si los palitos que salen de la máquina midieran la
mitad de un día para otro? Nuestra sufrida mujer tendría
un grave problema, ya que su propio sustento no depende de
ella. Este sencillo ejemplo relata uno de los mayores
problemas energéticos que existen en la Unión Europea: la
dependencia del exterior.
Más del 50% de la energía consumida en la UE
proviene del exterior y este porcentaje no para de crecer.
Depositar la base de nuestra economía en manos ajenas a la
UE puede provocar un grave retraso en nuestro crecimiento,
sirviendo como ejemplo la subida de los indicadores de
precios españoles debida al precio del crudo y cómo afecta
esto a productos tan cotidianos como las hortalizas. En
este caso, el cambio de modelo energético, basado en gran
medida en el aumento de la producción de energías
renovables (altamente distribuidas geográficamente), nos
permitiría disminuir dicha dependencia. Por otro lado,
como requisito indispensable para cambiar las condiciones
de un determinado mercado, está el hecho de controlar sus
costes y esto no puede llevarse a cabo en muchos casos
sin el control de la producción y del precio de la
energía.
Tras varios meses, las paredes de la
habitación en que nuestro personaje ha vivido y quemado
palos por doquier, se separan, quedando nuestra señora y
su habitación al descubierto frente a las miradas de unos
cuantos curiosos. Si se quemaron muchos palos grandes y
contaminantes, las paredes de la habitación estarán
amarillas, con la pintura resquebrajada y nuestra pobre
mujer apestará a humo y seguramente sufra algún tipo de
dolencia pulmonar. Sin embargo, imaginemos que nuestro
personaje invirtió en los súper palos y que disminuyó el
consumo todo lo que pudo. Al abrirse la habitación las
paredes aparecerán limpias y nuestra amiga poseerá mejor
salud. Pero ¿Qué opinarán los curiosos que se encuentran
la escena? Obviamente, su opinión sobre nuestra
protagonista variará en función de cómo se hayan
aprovechado los recursos, de lo sucia que se encuentre la
habitación.
Esto introduce una de las mejoras más
importantes que pueden conseguirse a través del cambio
energético: la imagen. Una UE líder en energías
renovables, cuya imagen de economía fuerte sea paralela a
la de respetuosa con el medio ambiente debe ser un
objetivo primordial de todos y se puede mostrar en el
futuro como nexo común de los ciudadanos europeos y como
idea fuerza de una identidad europea aún por definir y
formar.
Carlos Contreras
|