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El continente multilingüe:
nuevos desafíos para Europa.

 

El continente multilingüe: nuevos desafíos para Europa.

 Diego Muñoz Carrobles.

El pasado 1 de enero la Unión Europea llevaba a cabo su más reciente ampliación mediante la entrada de Rumanía y Bulgaria, lo que supone extender los límites comunitarios hasta el Mar Negro. El paso de quince estados miembros en 2003 a veintisiete en 2007 no es fácil en ningún aspecto y plantea una serie de retos en todos los campos, incluyendo el lingüístico.
La Unión se despertaba en 2007 con veintitrés lenguas oficiales: a las ya existentes en 2006 hay que sumar las lenguas oficiales de los dos nuevos miembros –el rumano y el búlgaro, así como el gaélico irlandés. Si mucha gente se pierde ante la coexistencia de dos lenguas oficiales en zonas como Cataluña, Bruselas o el Alto Adige, ¿qué pensarán de esta nueva Torre de Babel europea?
Los defensores de la trasnochada idea “un país, una lengua” estarán al borde del colapso... Igual de indignados están todos los partidarios de la imposición del inglés como lengua común para la Unión (como mucho acompañado del francés).
La moraleja de la historia es que debemos adaptarnos a una compleja situación cultural y lingüística; Europa es un mosaico de lenguas (oficiales o no) que han de ser respetadas, valoradas y protegidas. Si lenguas como el vasco, el bretón o el ruteno han sido capaces de sobrevivir a siglos de marginación y llegar a nuestros días, ¿no es un deber de la UE defenderlas?
Nadie puede negar hoy la importancia del inglés como lingua franca o idioma internacional de comunicación, de cultura y de negocios; ahora bien, esto no puede implicar la subordinación del resto de idiomas europeos, ya que la Historia nos ha demostrado en diferentes ocasiones que la diglosia es el primer paso hacia la desaparición de una lengua. Debemos enterrar la idea según la cual un discurso en inglés es más elegante o más efectivo que otro en lituano o en neerlandés; la lengua es solo un código y lo que importa es el mensaje.
Sin embargo, resulta casi imposible que alguien prefiera estudiar esloveno en vez de francés o finés en vez de alemán. El mercado manda y las lenguas menos habladas son consideradas como inútiles, simples muestras del folklore local... “Estudiar rumano, ¿para qué? ¿Qué aprendan ellos español!” Este ejemplo ilustra bien la mentalidad de muchas personas, gente que ignora que el aprendizaje de lenguas “minoritarias” es mucho más rentable de lo que parece. Hoy día saber idiomas no es algo exótico, sino algo necesario, puesto que la temida globalización no ha supuesto, por fortuna, uniformización, sino acercamiento entre los pueblos.
La UE ha desarrollado interesantes programas educativos como Erasmus, Leonardo o LINGUA, con el fin de acercar Europa a los ciudadanos, mediante el intercambio de estudiantes y trabajadores de unos países a otros. Los resultados son buenos pero todavía insuficientes. El euro-escepticismo y el nacionalismo se curan viajando y si no se lo creen, hagan la prueba. Por este motivo son necesarias más medidas que contribuyan al movimiento de los ciudadanos europeos, quizás desde edades anteriores a la etapa universitaria, puesto que los niños del 2007 serán los eurodiputados del 2040.
Así mismo, hemos de expresar nuestro total reconocimiento a los profesionales de la traducción y la interpretación, sin los cuales el funcionamiento de la UE multilingüe sería imposible. Muchos de nuestros políticos deberían tomar ejemplo de ellos y ponerse al día, ya que las capacidades lingüísticas de muchos de ellos son realmente penosas.
La gran asignatura pendiente de Europa es la protección de las lenguas no oficiales, mal llamadas por algunos lenguas regionales o lenguas minoritarias, pero al fin y al cabo tan europeas como cualquier otra. Urge una política europea fuerte y coherente sobre este asunto para evitar desigualdades e injusticias., para acabar con la discriminación por motivos lingüísticos.¿Por qué un hablante de catalán en España puede dirigirse a la UE en su lengua materna –gracias a su estatus de lengua semioficial- y uno de Francia no tiene derecho a hacerlo? ¿Por qué se invierte más en restaurar monumentos que en preservar lenguas? ¿Qué hacen las autoridades europeas para proteger al aragonés o al griego salentino?
Hemos de entender la diversidad lingüística como una riqueza cultural y no como una amenaza a la unidad. ¿No es acaso el lema de la Unión Europea : “Unida en la diversidad”? Igualmente debemos renunciar a utilizar los idiomas como arma política, ya que en ese caso la única víctima es la propia lengua.
Bienvenidas Bulgaria y Rumanía cuya incorporación a la UE trae consigo la creación de un nuevo puesto en la Comisión, el de Comisario para el Multilingüismo, cargo que ocupará el rumano Leonard Orban. La creación de este departamento debería dar respuestas a algunas de las cuestiones que hemos planteado y ha de ser un impulso para el acercamiento cultural de los europeos, la verdadera unión.
 



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Ultima actualización 05/08/07 01:21:37
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