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ERASMUS, la experiencia necesaria

 

ERASMUS, la experiencia necesaria

El programa europeo ERASMUS nace a finales de la década de los 80 con la finalidad de favorecer la movilidad entre los estudiantes de la entonces Comunidad Europea. En la actualidad este programa abarca no solo universidades de la UE, sino también centros de países candidatos a la adhesión, como Turquía o Croacia y universidades de los países del Espacio Económico Europeo, esto es, Islandia, Noruega y Liechtenstein.

Hasta aquí la introducción teórica que podríamos haber encontrado en cualquier enciclopedia… Ahora toca hablar de la importancia real del programa ERASMUS y me permitiré partir de mi propia experiencia. Lo importante de participar en este programa es, en primer lugar, la valiosa experiencia personal que supone pasar varios meses viviendo en un país extranjero y asistiendo a clase en un sistema educativo diferente. Además no hay que olvidar el hecho de hacer amigos/amantes/novios/parejas de otras nacionalidades (a pesar de la tendencia hispana a pasar las estancias en el extranjero solo con gente del mismo país) Todo esto suena muy estereotípico pero es la pura verdad.

Los inconvenientes, que los hay, no deben suponer un obstáculo insalvable. En primer lugar está la barrera del idioma. “¡Pero si yo no hablo austriaco que pinto yo en Viena!” (sic) Esta magnífica metedura de pata de una ex-compañera de Facultad ilustra a la perfección el hecho de que ERASMUS es una necesidad y no un capricho. Pues bien, ella –que luego se enteraría de que el idioma oficial de Austria es el alemán, se marchó a Austria, aprendió alemán y volvió encantada.

Segundo inconveniente y no menos importante es la cuestión económica, el programa ERASMUS no es una beca sino la garantía de que los estudios cursados en el extranjero serán reconocidos a tu regreso. Por ello hay que enfrentarse a cantidades irrisorias como los 90 euros que en tiempos la mayor universidad de España concedía a sus estudiantes en el extranjero. Afortunadamente esta situación va mejorando y ello supondrá sin duda un aumento en el número de interesados.

Por último está el apego español a la tierra. “Como aquí en ningún sitio.” Lamentablemente poco se puede hacer contra esto, quizás la única solución sea predicar con el ejemplo, dar a conocer lo positivo de nuestras estancias en el extranjero para hacer ver a nuestros timoratos y conesrvadores universitarios que que hay vida más allá de la prensa rosa, del calimocho y la liga de fútbol. Admito que en casa de los padres se vive bien pero alguna vez tendrán que buscarse la vida y al menos para eso el programa ERASMUS es un entrenamiento perfecto para enfrentarse a la vida real.

El estudiante universitario español necesita ampliar horizontes, abandonar a papá y a mamá por un tiempo y adaptarse a una realidad académica diferente. Quizás acabe de mencionar sin querer la palabra clave: adaptarse. Adaptarse a nuevos horarios, nuevas comidas, nuevos métodos de trabajo. En una sociedad que se mueve a un ritmo vertiginoso el mercado laboral demanda gente versátil, capaz de adaptarse a todo tipo de situaciones y de renovarse.

Por desgracia nuestro todavía poco dinámico sistema universitario solo te enseña a tomar apuntes, consultar bibliografía y regurgitar en un folio en blanco lo que el profesor de turno esté dispuesto a oír. Es en este contexto donde se va a valorar cada vez más el haber participado en ERASMUS. Todo estudiante que haya tenido una buena y provechosa estancia en el extranjero (algunos se dedican a no hacer nada y criticar el país de destino) notará a su regreso que las cosas no son como antes. Pues bien, lejos de ser mera nostalgia, a mi parecer esto es más bien el fruto del desarrollo del pensamiento crítico y del análisis.

¿Soy demasiado optimista? Puede que sí. Pero si no te los crees, lánzate a la piscina, pide la beca y vete. No importa adónde vayas, lo esencial es cambiar de aires y darte cuenta de que el mundo empieza más allá de tus fronteras.
 



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Ultima actualización 05/08/07 01:31:59
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