ANÁLISIS COMPARADO
PREVISIBLE EVOLUCIÓN DE CUBA TRAS LA DIMISIÓN DE CASTRO
EN RELACIÓN CON OTROS MOVIMIENTOS TOTALITARIOS
¿Es
sostenible un castrismo sin Fidel? ¿O tal vez deberíamos preguntarnos si es sostenible un castrismo a la sombra de Fidel? Y ello porque
algo desentona en esta transición (más bien sucesión) tan sui generis: el principal protagonista sigue vivo. No ha muerto, al menos no todavía. Y si
nos remitimos a las transiciones abiertas en movimientos totalitarios tras la
caída del dictador correspondiente, encontramos que se caracterizan en general,
precisamente, por la muerte del personaje en cuestión.
Así
ocurrió en casos como España, con la muerte del general Franco o en la ex -Yugoslavia del mariscal Tito. En
ambos casos la desaparición del mandatario abre una nueva etapa, eso sí, a
distintas velocidades y con diferente final (con consecuencias en algunos casos
que se dejan sentir hasta el día de hoy). No obstante realicemos un primer
acercamiento al caso que puede resultar
en un principio más análogo al asunto cubano: Chile. Chile, país americano.
Chile, un país con una arraigada identidad nacional y sin peligro de
separatismo, presente en el caso yugoslavo. Y Chile, finalmente, donde el
dictador sobrevive al fin de su dictadura.
Claramente
existen también diferencias notables, principalmente referidas al modelo
económico, relacionadas a su vez con el modelo político: el peso del Estado en
la economía de la socialista Cuba es crucial, mientras que Pinochet y sus
“Chicago Boys” instauraron el
liberalismo en Chile, recurriendo a privatizaciones tras el fiasco económico de
los últimos tiempos del Presidente Allende. En este aspecto, ya Yugoslavia de
la Tercera Vía del omnipresente Tito es mucho más similar al caso isleño.
Igualmente
en cuanto a la duración: Tito, Franco o Ceaucescu, en Rumania, extendieron la
sombra de su figura sobre sus pueblos durante décadas; el mandato de Augusto
Pinochet se “limita” al período comprendido entre el golpe de 1973 y el
plebiscito de 1988. No obstante las diferencias mencionadas, creo que es un
caso más que válido a la hora de buscar analogías con la cuestión cubana, y de
nuevo principalmente porque el dictador sobrevivió a su propia caída. Y sucedió
que en todos los casos vistos, muriera o sobreviviera, como Pinochet, su caída
abrió el camino a reformas democráticas.
No
obstante, ¿es tan sencillo? Por supuesto
que no. Un observador algo avispado podría argumentar que el gran dedo de
Fidel ha señalado a su sucesor, ni más ni menos que su propio hermano, y que la
sucesión ha sido aplaudida por todo el aparatchik cubano. Concedido. No pasó
así en Chile o España, donde se abrieron sendos períodos de transición (término
por cierto fundamental que analizaremos más adelante). Concedido también que Fidel
continuará contando con poder directo en las grandes cuestiones de Estado, como
ha señalado el propio Raúl Castro, con el aplauso de toda la clase dirigente. Y
concedido igualmente que el campo económico difiere del de hace décadas: el
gigante chino viene demostrando que un modelo comunista en lo político (o más
bien de partido único en lo estatal) es compatible con un cada vez más elevado
grado de apertura económica, de cara a lograr un elevado crecimiento; por este
mismo camino parece que apuntan las anunciadas reformas de Raúl Castro: liberalización en lo económico, continuismo
en lo político.
Por
tanto, con estos datos básicos en la mano, la
primera pregunta que se nos plantea es: ¿qué podemos esperar en lo inmediato de
Cuba? Pues temo decir que, a la luz de lo visto y en el corto plazo, nada
más que lo anunciado por Raúl Castro: continuismo aderezado con leves reformas.
Esta previsión viene avalada por varios hechos, algunos de ellos ya esbozados:
en primer lugar Castro, aunque debilitado, permanece. Aunque renuncia a la
presidencia del Consejo de Estado y de Ministros, continúa en su cargo de
Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba y “gran timonel” ideológico y
moral de los gobernantes. En segundo lugar, se produce una sucesión marcada por
el propio Fidel, a diferencia de abrirse un período de transición. Tengamos
algo bien presente: no habrá transición
en Cuba, ni siquiera posibilidad de transición, mientras persista la figura del
comandante. No ha habido regímenes personalitas derrotados en la Historia
sin que hubiera muerto física o políticamente (caso de Pinochet, que no muere
pero es apartado) el dictador en cuestión. En tercer lugar, la elección del
Gobierno por parte de Raúl Castro: Manchado Ventura aparece como Primer Vicepresidente,
un representante de la ortodoxia más radical, junto a otros personajes
representativos de la vieja guardia. Carlos Lage, predilecto de las
cancillerías occidentales por su juventud (52 años frente a los 77 de Ventura)
figura como otro de los Vicepresidentes, pero en el área económica. Porque aquí
sí podemos esperar reformas: anunciadas por Castro (Raúl) para aumentar el
nivel de vida de los cubanos. Y por supuesto, para sostener y continuar la
revolución. Se intuye la imitación del exitoso modelo chino.
La
segunda pregunta que surge al contemplar el apasionante proceso cubano es: ¿qué podemos esperar en el medio plazo (a
pocos años vista)? Aquí surge la palabra clave: transición. ¿Es viable la
transición en Cuba a un modelo democrático en los próximos años? Vendrá
determinado por diversos factores. A la vista de lo mencionado en cuanto a los
modelos personalistas totalitarios, aparece
como condición sine qua non la caída
del dictador. Bien por muerte (Franco, Tito); bien por alejamiento
político, como en el caso de Pinochet. Por tanto, condición necesaria, pero no
única. La voluntad política de los dirigentes posteriores es fundamental, y en
los casos citados no se puede negar que se dio, tras un período más o menos
breve de tiempo, paso a nuevas generaciones de líderes que apostaron por la
reforma democrática (caso de los Gobiernos de la Transición en España y Rumania
o de Patricio Aylwin en Chile). ¿Es previsible que Raúl Castro apueste por una
reforma o plebiscito en Cuba? Más bien lo contrario, si nos fiamos de sus
palabras pronunciadas recientemente ante los líderes cubanos, cuanto aseguraba
que la Revolución seguiría con o sin la presencia física de Fidel.
Pero,
¿no sería acaso posible que fuerzas centrífugas forzaran el cambio? Los
ciudadanos fueron destacados protagonistas en sucesos como la Revolución de los
Claveles, en Portugal, o transformados en manifestantes ansiosos de apertura y
reforma democrática en la España posterior al franquismo. Pero no parece ese el
caso del pueblo cubano, más vulnerable, social y económicamente. En lo social,
porque la fuerza principal está en el exilio. En la isla no se aprecia una
oposición organizada de magnitud tal que pueda poner en jaque el continuismo
orquestado por los hermanos Castro. Y en lo económico, débiles a causa del
mantenimiento del bloqueo por los Estados Unidos, unido a la mala gestión
económica y a la ruina en general que arrastra la isla desde el final de la
guerra angoleña y el hundimiento del bloque soviético.
Por
tanto: más de lo mismo, pero a la china.
Continuismo pero apertura económica. Si es que el bloqueo lo permite. Salvo que se produzcan cambios en tres
direcciones: primero, muerte de Castro. Segundo, unificación de la
oposición castrista y orquestación con la comunidad internacional favorable a
las reformas en la isla (comenzando por Estados Unidos y Europa, con un posible
destacado papel de España). Tercero: llegada de un dirigente con voluntad
reformista. O, al margen de estos tres ejes, o junto a ellos, que se produzca
un fracaso de las reformas económicas y un empobrecimiento (mayor) de los
ciudadanos, lo que, unido a la desaparición de Fidel, podría abrir paso a
revueltas en la isla.
Pero
no nos llamemos a engaño: en el corto
plazo y mientras permanezca Fidel a la sombra, Cuba seguirá siendo la Cuba que
conocemos. Y la posibilidad de la transición democrática, un sueño. A la
espera de un dirigente más joven que aporte la necesaria voluntad política. ¿Será a Cuba Carlos Lage en el medio plazo
lo que Suárez a España? ¿Lo permitirán los dirigentes? Si atendemos a los
casos estudiados, las posibilidades de transición democrática en Cuba en unos
años aparecen como razonables. Pero insisto: si acaso, en el medio plazo. Y
recordemos: en los períodos históricos de las transiciones esbozadas, el modelo
chino no gozaba de tanta aceptación. Si las reformas económicas anunciadas por
Raúl Castro se ejecutaran y triunfaran, superando las barreras de la pobreza y
el bloqueo, las posibilidades de reforma democrática en Cuba disminuirían.
Veremos.
JORGE DANIEL MORA
GARCÍA
ALUMNO SEI