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La preocupación que existe hoy en día sobre el cambio climático es patente en todos los sectores de la sociedad. El
cambio climático ha pasado de ser una mera suposición científica a un
hecho que, además de presentar ya repercusiones sociales, económicas y
ambientales, ha ocupado la agenda política de la mayoría de las naciones
desarrolladas. En términos del Panel Intergubernamental sobre Cambio
Climático (IPCC), este podría definirse como el incremento de la
temperatura superficial del planeta como consecuencia de un aumento
importante y rápido de las concentraciones de gases de efecto
invernadero (GEI) en la atmósfera.
Desde principios del siglo XX, el desarrollo industrial y energético ha
contribuido a la expansión de los combustibles fósiles a gran escala, de
los cuales se derivan las emisiones de estos gases. Asimismo, el aumento
desmesurado del parque automovilístico, además del crecimiento continuo
del sector del transporte, suponen un componente de emisiones a tener en
cuenta. Dentro de estos gases, el que más afecta al cambio en la
temperatura global es el CO2, que ha alcanzado un récord de emisiones...
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La idea de Europa como marco de convivencia supranacional, hunde sus
raíces en el periodo de la Ilustración. Quien contribuyó de una forma
especial e interesante al proyecto, sentando unas bases primigenias, fue
el filósofo alemán Inmanuel Kant.
En su obra la paz perpetua, Kant confiaba en que una federación o unión
de pueblos europeos lograría la paz, la solidaridad y el entendimiento
entre las naciones, y con ellos: el progreso político, humano y
económico de las mismas.
Ese ideal del progreso que impregna la filosofía de Kant y todo el
pensamiento Ilustrado-Liberal, es la misma base sobre la que se erige la
construcción europea. Las personas se unen para alcanzar sus objetivos,
para progresar. Y los Estados también.
Los nexos que nos unen y nos identifican como europeos, se encuentran
innegablemente en nuestra herencia cultural y en los valores
humanísticos a partir de los cuales han surgido las grandes creaciones
de la Humanidad: la democracia en Grecia, los derechos inalienables e
inviolables de los ciudadanos, el liberalismo político, el concepto de
igualdad y de dignidad humana propuesto por Rousseau, que inspirarían la
declaración de los Derechos Humanos, el parlamentarismo, el Estado de
Derecho… y un largo etcétera.
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¿Es sostenible un castrismo sin Fidel? ¿O tal vez
deberíamos preguntarnos si es sostenible un castrismo a la sombra de
Fidel? Y ello porque algo desentona en esta transición (más bien
sucesión) tan sui generis: el principal protagonista sigue vivo. No ha
muerto, al menos no todavía. Y si nos remitimos a las transiciones
abiertas en movimientos totalitarios tras la caída del dictador
correspondiente, encontramos que se caracterizan en general,
precisamente, por la muerte del personaje en cuestión.itario.
Así ocurrió en casos como España, con la muerte
del general Franco o en la ex -Yugoslavia del mariscal Tito. En ambos
casos la desaparición del mandatario abre una nueva etapa, eso sí, a
distintas velocidades y con diferente final (con consecuencias en
algunos casos que se dejan sentir hasta el día de hoy). No obstante
realicemos un primer acercamiento al caso que puede resultar en un
principio más análogo al asunto cubano: Chile. Chile, país americano.
Chile, un país con una arraigada identidad nacional y sin peligro de
separatismo, presente en el caso yugoslavo. Y Chile, finalmente, donde
el dictador sobrevive al fin de su dictadura.
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1. INTRODUCCIÓN
La protección de los derechos fundamentales en las Comunidades Europeas y en lo que hoy conocemos como Unión Europea, dejando aparte la protección dispensada dentro de cada uno de los Estados miembros de la misma, procede de una creación jurisprudencial del Tribunal de Luxemburgo, que fue construyendo casuísticamente un sistema de protección de los derechos fundamentales en la Unión Europea al considerar que estos derechos constituían principios del ordenamiento comunitario.
Si bien es cierto que en un comienzo el Tribunal optó por excluir la protección de los derechos fundamentales de los principios que encontraba en los Tratados Constitutivos, probablemente porque entonces se proponía consolidar jurídicamente la autonomía y primacía del Derecho comunitario frente a los ordenamientos de los Estados miembros. También lo es que no tardó en preocuparse por ellos; aceptar que los derechos fundamentales formaban parte de las tradiciones constitucionales de los Estados miembros, y que por tanto debían ser respetados y observados por el ordenamiento comunitario; o que al garantizar la salvagurdia de ...
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